1. Acción, situación, acontecimiento.
Las acciones como generadoras de situaciones tienen un ejemplo en el performance y su búsqueda por rescatar el momento, el instante presente.
Después, sin tener documentos en el cuales basarnos para futuras investigaciones quedan 3 opciones para reconstruir la acción: la tradición oral, buscar documentar desde un inicio o aferrarse al mito.
La primera es poco precisa pues depende de valoraciones personales. La segunda es una opción interesante, porque en mi opinion, obedece en principio a una característica humana ancestral: el temor de ser olvidado.
A lo largo de la historia, se han mandado hacer pirámides, escrito libros, hecho esculturas y retratos para perdurar a través de los años. El arte ha sido un medio (quizá sobrevalorado) para comunicar sentimientos e ideas, para cambiar el contexto y de alguna manera, trascender. Por lo tanto, el no ser recordado quita todo sentido a la acción.
Además de este “miedo-vanidad” por así decirlo, la documentación hoy es prueba de veracidad, de que la acción ocurrió. Es aquí donde los conceptos chocan y se forma una contradicción: el performance que en sus inicios buscaba cuestionar el medio y las formas de distribución artísticas “tradicionales”, busca legitimidad como pieza y mercancía.
Nos resta aún una tercera opción para no ser olvidado: la de aferrarse al mito. Perderse en un barquito en altamar, por ejemplo, levanta multiples preguntas sin respuesta. ¿Fue un montaje y alguna embarcación lo salvó, lejos de la vista de cualquier testigo?, ¿creía tanto en el arte que decidió morir durante un performance?, ¿se lo comieron los tiburones? ¿y si se lo llevaron los extraterrestres?. Lejos de una busqueda por la veracidad, mucho más cercano a la vanidad de ser recordado como leyenda, mitad ficción-mitad acción. Quizá por ambigua, es la que creo, puede resultar fascinante.
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