Del segundo capítulo
Encontré en esta lectura ciertos puntos que llamaron particularmente mi atención:
La memoria es selectiva.
La subjetividad vulnera la legitimidad del relato.
Los recuerdos son una interpretación, no un registro.
Todo esto nos habla, en términos generales, que la memoria miente, edita, limita. No se puede confiar en la memoria.
Porque a parte de la subjetividad implícita en la memoria, ésta tiene también un enemigo invencible; el tiempo. El tiempo lo debilita todo, y la memoria no es una excepción.
Los puntos anteriores resultan por sí mismos, temas de gran interés, sin embargo, los menciono porque, para mí, se transforman y saltan más a la vista, al ponerlos al lado de otra frase, de Fontcuberta, que llamó mi atención en el texto: “No somos sino memoria”.
Me gustaría dejar esto abierto, quizás para discutir en clase, así que terminaré con una pregunta: Si la memoria falla, selecciona, cambia, se deteriora, nos traiciona, si la memoria nos miente y nos confunde, si la memoria olvida. Si no somos otra cosa, sino memoria. Entonces ¿Qué somos?
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